Sábado, 22 de Diciembre
Transcurría el mes de diciembre de el año 2018 , donde los día eran más bien cálidos, en toda la Península las temperaturas no bajaron de lo 10 grados.
LLega finalmente el fin de año, trayendo consigo el sorteo de la Lotería de Navidad.
Todo el mundo deseaba ansiosamente conocer cual seria el número premiado de ese año.
Doña Vasily una mujer rusa que no aparentaba los 30 años, pero que rondaba los 40 y su marido, un gran cocinero italiano que se haba visto forzado a trabajar como reponedor en el Carrefour. Azotados por la crisis ambos se habían visto obligados a emigrar a España, donde su situación económica no mejoró.
LLega finalmente el fin de año, trayendo consigo el sorteo de la Lotería de Navidad.
Todo el mundo deseaba ansiosamente conocer cual seria el número premiado de ese año.
Doña Vasily una mujer rusa que no aparentaba los 30 años, pero que rondaba los 40 y su marido, un gran cocinero italiano que se haba visto forzado a trabajar como reponedor en el Carrefour. Azotados por la crisis ambos se habían visto obligados a emigrar a España, donde su situación económica no mejoró.
Caminaban por Sol cuando Vasily creyó ver un rayo que atravesaba perpendicularmente el enorme escaparate dejando así iluminado el numero 6315, insistió a su querido marido, más que convencida que ese sería el número premiado, pero la respuesta de este no fue la esperada.
—No tenemos dinero,Vasily. No nos lo podemos permitir —contestó. Y no habló más del asunto.
A Doña Vasily se le empañaron los ojos y el rímel que se había puesto a las siete de la mañana en su hulmide cuarto de baño, comenzaba a correrse lenta y suavemente por su cara dejando así un rastro grisáceo, que dividía sus mejillas en dos mitades para nada uniformes.
Estaba verdaderamente preocupada , ella ansiaba ese cupón con todo su alma, pero a la vez no disponía del dinero suficiente para adquirir un décimo.
Y así quedo zanjada la conversación cuando eran aproximadamente las 5 de la tarde y solo quedaban 10 días para el anuncio del sorteo de Navidad.
Aunque Vasily no solía comprar debido a la escasez de dinero que no les permitía ni arreglar las ventas de su habitación, adoraba bajar al bar y escuchar los números ganadores.
Aunque Vasily no solía comprar debido a la escasez de dinero que no les permitía ni arreglar las ventas de su habitación, adoraba bajar al bar y escuchar los números ganadores.
¡Este año su número iba a tocar, estaba segura!
¿Por qué Arnaldo no confiaba en ella?¿Quizá no tenia los medios económicos para apoyarla?¿Se estaba acaso volviendo loca, por culpa de una estúpida suposición? Demasiadas eran las preguntas sin respuestas que la atormentaban.
Aún así Vasily no se rindió, ¡recurría a su familia!, al fin y al acabo la Navidad es el momento perfecto para celebrar el amor y crear recuerdos que durarán para siempre. Lamentaba la falta de comprensión de su marido, pero quizá alguien de su familia, mitigara sus angustias, de todas maneras si salía del bombo el 6315, dispondría de los medios suficientes para reembolsarles sin problema alguno.
Pero nadie de su familia estaba dispuesta a ofrecerle su ayuda, hogaño su familia tampoco disponía de mucho dinero, y probablemente este mes a causa de la compra de regalos no llegarían si quiera a fin de mes, es entonces cuando ilustrada por al anuncio que se retransmite en bucle cada año en la cinco tuvo una maravillosa idea, este anuncio supuso una revelación:
—¡Qué hay mejor que compartir un premio!— se dijo
Llamó a su hermano que vivía en el extrarradio de Madrid.
Hacia mucho tempo que no tenia contacto con él puesto que trabajaba día y noche catorce horas diarias, ganando un sueldo inferior a 800 euros, ni siquiera tenia la opción de quedarse en casa los Domingos porque era el día de mayor afluencia, trabajaba como Barman en la discoteca Velvet.
—Perfecto, ¡él era el indicado!—
Quedaron en su día libre, cerca de Sol y estuvieron andando durante un par de horas por la famosa carrera de San Jerónimo, para admirar el reciente alumbrado navideño.
Vasily le fue explicando todo lo ocurrido desde ayer a su hermano, Vólkov siempre había sido alguien que rebosaba felicidad y empatía, a pesar de todos los desafíos a los que había tenido que hacer frente, y antes de que
su hermana acabase su historia, la interrumpió:
—No te preocupes —dijo. Yo lo compro y si sale premiado, lo repartimos, mitad para cada uno.
—¡Muchas gracias! —fue la respuesta emocionada de ella, que tenia nuevamente las mejillas manchadas.—¿Por qué sabiendo que era tan sensible continuaba echándose rímel?
—¡Muchas gracias! —fue la respuesta emocionada de ella, que tenia nuevamente las mejillas manchadas.—¿Por qué sabiendo que era tan sensible continuaba echándose rímel?
— Nunca lo sabría...
Y por fin llegó el día esperado.¡La radio encendida desde temprano comenzó con la transmisión del sorteo! Pero Vasily adoraba ver a los niños sacando las bolas aleatorias del bombo.
¡Dos horas más tarde, “cantaron” el 6315!
¡Dos horas más tarde, “cantaron” el 6315!
—6315— Eso dijo Marcos alumno del San Ildefonso
¡Ese chico regordete acababa de decir su número!, Vasily ya estaba en frente de la pantalla del bar llorando aún desconociendo el premio que esta minúscula bola contenía.
—Cuatro millones de euros—
Doña Vasily no paraba de llorar, era incontrolable la emoción que corría por sus venas.
Llamó corriendo a su hermano, quizá demasiado excitada, ya que tuvo que reescribir unas cuatro o cinco veces el número, las lágrimas corrían a la misma velocidad que los purasangre ingleses del hipódromo, por sus mejillas.
Llamó corriendo a su hermano, quizá demasiado excitada, ya que tuvo que reescribir unas cuatro o cinco veces el número, las lágrimas corrían a la misma velocidad que los purasangre ingleses del hipódromo, por sus mejillas.
Las horas siguientes fueron de alegría. Los sueños se reproducían en su cabeza, como tanto lo había deseado. ¡Qué lejano parecía el lunes, de ese fin de semana! Doña Vasily era feliz, estaba emocionadísima.
Su marido incrédulo, no era capaz de formular palabra, estaba sobrecogido por la emoción.¡Solo era capaz de lamentarse por no haber apoyado a su mujer!
Paralelamente llegó el lunes al trabajo Vólkov, esbozando una sonrisa, pues gracias a este premio se libraría del trabajo.
—¿Sebéis algo de Vólkov?, preguntó con preocupación a su madre por teléfono.—Llevo días intentando contactar con él y no me responde.—
—Hoy no vendrá a casa a celebrar el cumpleaños. —Parece que su jefe está enfermo y hoy tiene jornada extra.—Agregó por detrás Aleksandra, su tía —Tal vez venga mañana…—
Al día siguiente, Vólkov no apareció. Pero pasadas unas semanas, anunció por wahtsApp a Velvet su renuncia.
Vólkov desapareció como desaparecen los globos que navegan hasta el cielo y nunca más lo vieron ni en su familia,ni en la discoteca en la que trabajaba.

Comentarios
Publicar un comentario